Entre otras cosas dice: "Me encuentro en Taizé, en la frontera franco-suiza, en una especie de "campamento" maravilloso, constituido por unas 6.000 personas, pero son gente cargada de ganas de vivir, que tiene como punto de unión a nuestro Dios, y que venimos a pasar una semana, de domingo a domingo… Es curioso, pero cuando descubres algo importante en tu vida, y caes en la cuenta de cosas fundamentales que hasta entonces pasaron inadvertidas a tu lado, te encuentras francamente bien, en paz, y… bueno, creo que sabes lo que te cuento. Todo ser humano, que se plantee el sentido de la vida y cosas
La vida es genial, Cris, y te escribo porque sé que tú piensas igual. Después de la tormenta, siempre viene la calma".
Sometiendo los datos al parecer de la Santa Madre Iglesia, todo nos sugiere que la joven estudiante de periodismo, Marta Obregón, nos dejó un hermoso ejemplo, tanto en una vida agradecida al amor y misericordia de Dios, como en su valerosa muerte. Uno de sus últimos gestos había sido arrodillarse ante el Santísimo, al despedirse, deseando alimentarse en la Eucaristía del nuevo amanecer.
Marta dejó varias notas y reflexiones esparcidas por sus cuadernos, de las que recojo una:
"Oh Dios: ayúdame, por favor, ¡ya! (Que no hay tiempo, Señor…, que la vida es muchísimo más corta que lo que, pobres ilusos, pensamos. Que cuando tú quieras nos coges y nos llamas de este suelo en que nos ha tocado vivir). Ayúdame pronto a encontrarme. Ábreme bien los ojos y mi corazón, porque parece ser que todo aquél que nos rodea eres tú mismo, y eso, Dios mío, cuesta muchísimo entenderlo. Sólo una cosa más: que sepas que te quiero y que siempre lo he hecho, a pesar de todo". Saturnino López Santidrián (Postulador de la causa).



